25 Jul
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Humberto Ivaldi

Humberto Ivaldi (Jaime Humberto Ivaldi Bristán, 1909-1947). Pintor y maestro de las artes plásticas en Panamá.

Nació en la ciudad de Panamá el 24 de diciembre de 1909. Su infancia transcurrió en la población de Chame. De su padre y de su madre, humilde artesana que se ganaba la vida confeccionando tembleques y otras curiosidades para la venta, se sabe poco.

En 1921, Humberto Ivaldi tomó residencia en el barrio de Santa Ana, de la ciudad de Panamá. Se matriculó en el Instituto Nacional, y en 1924 ingresó en la Escuela Nacional de Pintura, dirigida por el maestro Roberto Lewis. En esos años de formación tuvo contacto también con el artista Manuel E. Amador, poseedor de una rica biblioteca que compartió con sus discípulos y amigos. En 1929 ganó una beca para continuar estudios de pintura en España, y al año siguiente comenzó a recibir clases en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. Allí permaneció en los años críticos comprendidos entre 1930 y 1935, anteriores a la guerra civil española. Fue alumno de Manuel Benedito Vives (1875-1963) y de Eduardo Chicharro y Aguilera (1873-1949), alumnos, a su vez, de Joaquín Sorolla. En ese período obtuvo el Premio de Pintura en el Concurso Anual de la Academia de San Fernando. En España, con el nacimiento de la República, Ivaldi aprendió y moldeó una personalidad versátil. Se inclinó por la izquierda de los artistas republicanos y asistió a eventos y marchas y, como militante, fue golpeado y encarcelado. Quizá por los maltratos recibidos y las penurias económicas, contrajo tuberculosis.

A su regreso a Panamá, los padecimientos y las miserias hicieron sombra en su vida bohemia, que, aunque alimentara su afán creativo, minó su salud. No obstante, continuó trabajando en la Escuela Nacional de Pintura. En 1938 se le otorgo el Primer Premio, Medalla de Oro, por la obra El bautismo de la bandera, que adorna uno de los salones del Palacio Municipal de la ciudad de Panamá. El cuadro representa la solemne jura de la bandera por los cuerpos militares y autoridades civiles de la República, ocurrida el 20 de diciembre de 1903 en la Plaza Chiriquí -hoy Plaza de Francia-, y la bendición del Reverendo Padre Fray Bernardino de la Concepción García. En 1939, tras la jubilación del maestro Roberto Lewis, Ivaldi quedó encargado de la dirección de la escuela. Entonces pintó El Garito, hoy colocado en la colección permanente del Museo de Arte de las Américas -cuyo origen fue la Unidad de Artes Visuales de la Organización de Estados Americanos. En esa época comenzó a ser afectado seriamente por la enfermedad, y se alejó por ciertos periodos de sus alumnos, aunque sin perder contacto con el medio artístico, ya que se había convertido en una figura líder de noveles artistas que habían desarrollado sus enseñanzas e iniciaban un nuevo periodo en la pintura panameña. Junto al maestro Roberto Lewis, participó en 1945 en una exposición colectiva en el Hotel Washington, de Colón. En esta ciudad se reunió con el maestro Carlos Villalaz, forjador de la cultura plástica en el sector atlántico panameño.

Al transcurrir el tiempo, Ivaldi gozó de cuidados médicos con ayuda de la familia Eleta, la cual lo mantuvo en el sanatorio San Juan Bautista de Panamá. Así, el maestro no tuvo que abandonar los pinceles y decidió elaborar una serie de estampas que representan la vida campesina en los alrededores del pueblo. En estas obras, de igual forma que en las anteriores, destaca la luz y juega con los colores y las sombras, elementos que refrescan las escenas campestres representadas en el lienzo. Ivaldi esperaba un viaje a Costa Rica para el tratamiento de su enfermedad, pero al recrudecer su mal, decidió quitarse la vida. Abatido por una economía maltrecha y la tuberculosis galopante, decidió lanzarse al vacío y se suicidó el 10 de marzo de 1947, a los 37 años de edad, tras una corta pero productiva carrera artística. Al cumplirse un año de su desaparición física, sus colegas y alumnos decidieron realizar la Primera Exposición Nacional de Artes Plásticas en su honor, inaugurada el 10 de abril de 1948 en el Instituto Nacional por Don Enrique A. Jiménez, presidente de la República. Más de quinientos cuadros fueron expuestos en ese ámbito, en el que estuvieron representados pintores de las nueve provincias del país, incluyendo a los artistas de la Zona del Canal. El premio único Humberto Ivaldi lo obtuvo el entonces novel pintor Isaac Benítez, de solo veinte años de edad. La Exposición tuvo gran resonancia en la prensa nacional.

Ivaldi pintó retratos variados, paisajes y bodegones. Sin embargo, inconforme siempre con su trabajo, dejó cuadros sin terminar. Se sabe que destruyó parte de su obra y desarrolló nuevos temas sobre pinturas anteriores. Diógenes de la Rosa ha testimoniado que, aunque era un ser rebelde, Ivaldi agradaba socialmente por su amena conversación, pues era un hombre culto, siempre informado sobre los movimientos de la plástica española y de América, que sentía una especial admiración por la obra de Goya y por la pintura suramericana del período colonial.

Rodrigo Miró lo apoyó durante la creación del mural sobre tela Las Ninfas y los Faunos, de 4.40 x 1.52 metros, que toma como asunto personajes mitológicos griegos. La obra que él mismo más apreció fue El Nacimiento de la República, que se encuentra actualmente en el vestíbulo del Palacio Municipal. Este cuadro al óleo fue elaborado en 1944, y mereció el Primer Premio, Medalla de Oro, en un concurso convocado entonces. En 1945 Ivaldi creó Viento en la Loma, de 0.75 x 0.92 metros, su trabajo más logrado según el crítico de arte Erick Wolfschoon, presentado en la exposición de la Universidad Interamericana, que ganó igualmente Medalla de Oro. También es reconocida su obra de gran tamaño La cabeza del Vasco, de 1.74 x 2.04 metros, realizada el mismo año, basada en el poema del bardo y periodista Gaspar Octavio Hernández. Se apega a la leyenda de que al ser decapitado Vasco Núñez de Balboa, descubridor del Mar del Sur, su cabeza fue arrojada al mar, y las sirenas se disputaron como trofeo el bello rostro del decapitado. La obra fue pintada en la Taberna Pete, tomando como modelos a meseras y cabaretistas que frecuentaban este sitio, escenario de diversión de las tropas aliadas en Panamá, de donde partían al frente durante la Segunda Guerra Mundial. Ivaldi, testigo de aquel momento, lo refleja en su cuadro alegóricamente, según explica Aby Martínez.

La obra entera de Ivaldi muestra una disposición especial para el retrato, según Pedro Prado, como evidencian Retrato del niño Angelini y Retrato de Pilar, así como el perfil Cabeza de mujer, pintura dramática por el claro-oscuro en ella logrado. Prado añade un aspecto temperamental en Ivaldi por su diversidad. Compara, para ejemplificarlo, La cabeza del Vasco, de tendencia academicista, y Viento en la loma, ya mencionados. Ivaldi pinta, por ejemplo, los tamarindos de Taboga, como Roberto Lewis, pero, aunque respeta la fuerte personalidad de Lewis, no lo emula. En enero del 2010, un colectivo de artistas de la plástica celebró el centenario de su natalicio, con un video arte en la Biblioteca Nacional.

Los críticos colocan a Ivaldi y también a su maestro, Roberto Lewis, dentro de las manifestaciones academicistas de la pintura. Al evaluar su obra, mencionan particularmente los retratos, por la atmósfera que los envuelve, que ha captado el instante con gran percepción. Y todos coinciden es en la gran luminosidad que los enriquece.

Fuente: En Caribe

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