25 Jul
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El Hotel El Panamá y la segunda caída de Arnulfo Arias

En 1951, las deudas del Hotel El Panamá fueron el detonante que impuso insalvables diferencias entre las fuerzas económicas y políticas de la nación panameña. Para imponerse, el presidente Arnulfo Arias decidió asumir poderes autocráticos, pero con ello, marcó la inevitabilidad de su segunda caída

“CAOS EN EL PAÍS”, decía la primera plana del diario opositor panameño El País, el día 8 de marzo de 1951, pronosticando catastróficas consecuencias para la economía nacional por el cierre, el día anterior, de la Compañía Fiduciaria, único banco de capital privado panameño.

En los más duros términos, el periódico dirigido por Samuel Lewis Arango culpaba al presidente Arnulfo Arias por el desafortunado desenlace y llamaba a la ciudadanía a organizar una resistencia civil para exigir la renuncia del mandatario.

El banco Compañía Fiduciaria, creado en 1947 por iniciativa del empresario Guillermo Arango (hijo del prócer Agustín Arango), había cerrado el día 7 de marzo por orden del juez primero del circuito, Octavio Villalaz, cuando por segunda ocasión en menos de cinco meses los depositantes habían corrido masivamente a retirar sus ahorros, dejando al banco con un nivel de efectivo inferior a lo exigido por la ley.

“La medida va dirigida a proteger a los depositantes”, aseguró el juez Villalaz, a la vez que el gobierno nombraba como interventor al gerente general del Banco Nacional, Eduardo de Alba, y negociaba con la junta directiva del banco una serie de medidas para salvar a la institución.

El retiro masivo de los depósitos se había dado tras conocerse que el presidente de la República había vetado una ley que permitía al principal acreedor de la Compañía Fiduciaria, el Hotel El Panamá, hacer una emisión de bonos por $1.5 millones para cubrir sus deudas con el banco. Al detener indefinidamente la emisión de la deuda, Arias abría la posibilidad de quiebra para las dos compañías panameñas.

El presidente había esgrimido razones de forma (la ley aprobada por la Asamblea Nacional no definía como se usaría el dinero recabado por la emisión de bonos), asegurando que seguía apoyando al Hotel El Panamá por considerarlo beneficioso para la economía del país. De hecho, las cuentas del hotel siguieron siendo pagadas por el Banco Nacional.

Pero el veto era la oportunidad que los enemigos del presidente esperaban.

Citando las voces de los más combativos opositores políticos al régimen panameñista, el diario El País dedicaba casi toda la edición del día 8 de marzo a criticar al presidente. Entre otros artículos y notas, incluía un manifiesto firmado por seis expresidentes de la República (Enrique A. Jiménez, Ricardo J. Alfaro, Roberto F. Chiari, Ricardo Adolfo de la Guardia, Ernesto Jaén Guardia y Daniel Chanis), enemigos que el presidente había cultivado a través de su carrera política.

Las palabras más duras provenían del Partido Revolucionario Independiente: un comunicado firmado por Eduardo Navarro acusaba a Arias de vetar la ley motivado por deseos de venganza contra la junta directiva del banco, por rechazar esta los chantajes del presidente, deseoso de apoderarse de la institución.

“El doctor Arnulfo Arias está haciendo buena la opinión popular que lo señala como un hombre desesperado en busca de más dinero… Demostrando una sed insaciable de oro, exigió que el banco le traspasara un número suficiente de acciones para tener el 51% del total de las acciones emitidas, o sea, el control absoluto del Fiduciario”.

Otra versión de los hechos la ofrecía La Estrella de Panamá, que en su edición del 10 de marzo publicaba los informes sobre la situación del banco emitidos por el cuñado de Arias, Enrique A. Linares, representante del gobierno en la Compañía Fiduciaria. -Recordar que Arias había exigido la presencia de Linares en la junta directiva en diciembre del 1950, tras depositar el gobierno $1.2 millones para salvar la institución en su primera crisis de efectivo-.

Un informe de Linares, con fecha del 4 de enero, daba a entender que la junta directiva de la Compañía Fiduciaria no estaba administrando eficientemente el banco y que le había ocultado movimientos de dinero que debilitaban considerablemente la situación financiera de la institución y ponían en riesgo el dinero del Estado.

“Si no es posible aplicar una mano de hierro a las operaciones de la Compañía Fiduciaria, manteniendo un control más estricto por parte de uno o más representantes del gobierno, estimo que lo mejor es que yo renuncie a la posición un poco dudosa de ser vigilante de los fondos del Estado y no poder evitar en la actualidad que la solvencia económica del banco empeore”, había advertido Linares a principios de año.

POLÍTICA

Durante los días siguientes, los opositores convocaron a la ciudadanía a mítines y manifestaciones reiterando el llamado a un movimiento de resistencia civil para exigir la renuncia del presidente.

“Por unos días pareció que (este movimiento) podría convertirse en una seria amenaza para el presidente Arias”, reportaba el consejero de la embajada de Estados Unidos en Panamá, Murray F. Wyse, a su gobierno.

Sin embargo, según Wyse, ni el público ni el comandante de la Guardia Nacional, José Remón, se movilizaron como esperaban los políticos opositores. El cierre del banco no parecía indignar a la ciudadanía como pretendían.

LOBBY EN WASHINGTON

Quienes sí se movilizaron fueron los funcionarios del Export Import Bank, en Washington, también acreedores de Hoteles Interamericanos, la sociedad dueña del Hotel El Panamá.

Documentos de la Oficina del Historiador, del Departamento de Estado, muestran que representantes de la entidad crediticia acudieron a esta oficina a pedir que el gobierno de Estados Unidos rechazara cualquier cambio en la directiva o en la propiedad de la compañía Hoteles Interamericanos o la Compañía Fiduciaria.

“El banco no está preocupado por el repago de su préstamo, ya que cuenta con la garantía incondicional de la República de Panamá, pero no dudará en usar sus buenos oficios para prevenir la interferencia impropia en el proyecto”, decía un Memorandum del Departamento de Estado fechado el 13 de marzo de 1951.

El contrato firmado entre el Export Import Bank con Hoteles Interamericanos en 1948, por el cual se le otorgaba una línea de crédito por $2.5 millones, facultaba a la institución estadounidense a aprobar o rechazar cualquier miembro de la junta directiva de la compañía hotelera.

Ahora se trataba de un asunto de interés internacional. Incluso el New York Times publicó un artículo en que se condenaba a Arias por el cierre de la Compañía Fiduciaria.

ACORRALADO

Con presiones en todos lados, la tensión en Panamá continuaba in crescendo.

El viernes 4 de mayo, nuevos rumores de quiebra asustaron a los ahorristas panameños. En esta ocasión se trataba de la Caja de Ahorros, una institución bancaria del Estado dirigida a fomentar el ahorro de los sectores menos favorecidos. A pesar de que los rumores eran falsos, ese día, cientos de pequeños ahorristas acudieron en masa a retirar sus fondos a la sede del banco en el Casco Viejo. Era lo mismo que había ocurrido en dos ocasiones antes a la Compañía Fiduciaria, en diciembre y el 7 de marzo.

Las investigaciones realizadas por la Policía apuntaron a que el pánico fue creado por una serie de llamadas en las que voces anónimas advertían que la institución estaba al borde de la quiebra.

Para el presidente Arnulfo Arias era claro que se trataba de una ‘vasta conspiración’. Estaba acorralado y se inclinó por tomar medidas desesperadas.

A primeras horas del lunes 7 de mayo, el presidente reunió a su Gabinete, integrado por José Clemente de Obaldía, Carlos Brin, Rodolfo Herbruger, Cristobal de Urriola, Celso Carbonell, Norberto Zurita, María Santodomingo de Miranda y José Ehrman.

El gabinete aceptó tomar una serie de medidas que convertían al presidente en un autócrata: abolir la constitución vigente, adoptar la Constitución de 1941, cerrar la Asamblea Nacional y declarar en ‘interinidad’ a los jueces de la Corte Suprema de Justicia. Además, suspender el recurso de habeas corpus y dar al poder ejecutivo potestad para gobernar por medio de decretos de gabinete.

Se trataba de medidas claramente inconstitucionales, pero tenían un precedente: en 1945, el expresidente Ricardo Adolfo de La Guardia, también a punto de ser derrocado, suspendió la vigencia de la Constitución de 1904 y llamó una Constituyente.

Si Arias pensó que, como en 1945, el poder de la Presidencia podría imponer tan arbitraria medida, se equivocó. Ahora el pueblo se alzó sin miedo. Se hicieron manifestaciones, protestas callejeras y una huelga que dejó a la ciudad paralizada.

El presidente fue destituido por la Asamblea, una decisión ratificada por la Corte Suprema de Justicia. Todo dependía ahora del verdadero “hombre fuerte del país”, el comandante de la Guardia Nacional, José Remón, quien había colocado a Arias y le había brindado su respaldo hasta ese momento.

El comandante que, según los comentarios vertidos en los diferentes memorandums del Departamento de Estado, “solo pensaba en él mismo” y en su candidatura para las elecciones de 1952, decidió hacer lo que le convenía. Envió a 200 policías al Palacio Presidencial para sacar a Arias a la fuerza.

NUEVO GOBIERNO, NUEVA POLÍTICA

El 30 de mayo de 1951, apenas días después de la salida de Arias, el nuevo presidente, Alcibiades Arosemena, pedía a la Asamblea Nacional poderes especiales para tomar medidas correctivas de orden económico. Entre ellas, permitir la emisión de bonos hipotecarios para el Hotel El Panamá.

La emisión de $1.5 millones se concretó en agosto y fue adquirida por el Gobierno Nacional. En junio, el Estado firmó nuevamente como fiador para que Hoteles Interamericanos continuara negociando su deuda con el Export Import Bank.

Ya salvadas las dos empresas, en agosto de ese año, enfermo y con los nervios destrozados, el empresario Guillermo Arango, presidente de la junta directiva de la Compañía Fiduciaria y de Hoteles Interamericanos, se refugiaba en Estados Unidos.

Allá, su presencia fue anunciada por el controversial periodista Walter Winchell, quien en una glosa de su columna de chismes decía así: “el panameño que fundó la Compañía Fiduciaria , de la que el presidente Arnulfo Arias trató de apoderarse, fue quien inició la caída del vagabundo (“the bum”)…. Su nombre es Bill Arango y está de visita en Hampshire House. Bienvenido, amigo”….

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