05 Jul
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Duelo de “titánides”: cuando Ester Neira y Clara González se enfrentaron

Eran candidatas a las elecciones para la constituyente de 1945. Durante la campaña electoral se enfrentaron y recriminaron públicamente

Algo más que una fría indiferencia parece haber existido entre nuestras dos principales líderes feministas de la primera mitad del siglo XX.

Ester Neira de Calvo y Clara González de Behringer venían trabajando desde la década del 20 por mejorar las condiciones de vida de la mujer panameña, pero al momento de participar como candidatas en la primera contienda política abierta al sexo femenino, lejos de verse como agentes solidarios de la misma lucha, terminaron enfrentándose y atacándose mutuamente.

Su meta era la misma, pero ellas eran personas muy distintas, como distintas eran su visión, sus orígenes y sus enfoques del feminismo.

Ester Neira, nacida en el año 1890, era la dama de buena familia, nieta del general y presidente del Estado Federal de Panamá Gabriel Neira e hija del coronel Rafael Neira Ayala. Educadora de profesión, siempre ejemplo de buenas maneras, buscaba la superación de la mujer sin estridencias. “El voto llegará cuando la mujer esté preparada. Por ahora, lo importante es educarnos para ser mejores madres y esposas”, solía ser su consigna entre las décadas de los 20 y 30.

Clara González era la abogada combativa, la primera en la historia del país, la primera doctora en derecho de América Latina. La mestiza, nacida en una comunidad rural chiricana en 1898, que había enfrentado la pobreza, la guerra, el abandono de su madre, el estigma social y realizado esfuerzos impensables por abrise paso ella sola en una carrera dominada por los hombres.

Para Clara González, los derechos políticos eran la herramienta básica a través de la cual la mujer alcanzaría la igualdad en una sociedad que la mantenía supeditada al hombre.

En la década del 20, mientras que Ester Neira fundaba su Sociedad para el Progreso de la Mujer, con fines educativos, González intentaba encauzar las fuerzas femeninas del país en un partido político, el Partido Nacional Feminista, al tiempo que presionaba a la Asamblea para que se aprobaran las leyes a favor del sufragio.

Cuando el presidente Ricardo Adolfo de la Guardia llamó a la Constituyente de 1945-1946 ambas decidieron aspirar a uno de los nueve puestos de representación nacional para redactar la tercera constitución del país -había otros 42 puestos para la representación provincial-.

Como era de esperarse, la candidatura de Ester Neira disfrutó de mayor acogida entre los grupos poderosos y conservadores de la sociedad. Cinco de los siete partidos existentes decidieron apoyarla sin que tuviera que inscribirse en ninguno.

Por su parte, Clara González tuvo que renunciar al puesto de Inspectora del Instituto de Vigilancia y Protección del Niño, para lanzarse como candidata y contó con el apoyo del partido Liberal Renovador de Pancho Arias.

PASO EN FALSO

La campaña de Neira de Calvo no empezó con buen pie. Una fallida entrevista al diario La Estrella de Panamá mostró su ingenuidad y falta de experiencia en las lides políticas.

El artículo formaba parte de la cobertura previa a la votación del 6 de mayo de 1945, con la que el diario intentaba informar a sus lectores acerca de la trayectoria y pensamiento de los candidatos.

José Isaac Fábrega, Diógenes de la Rosa, Jacinto Lopez y Lopez, Mario Galindo y otros aspirantes de relieve habían sido abordados previamente, lo que aprovecharon para explicar sus posiciones políticas y el tipo de convicciones e intereses particulares que llevarían a los debates.

El 20 de abril le correspondió el turno a Neira de Calvo. El redactor de la nota aparecida en La Estrella de Panamá reportó haber sido recibido “gentilmente” por la candidata y su esposo Raúl Calvo en el hogar de ambos.

Según la misma nota, Neira acogió con interés las preguntas relacionadas con aquellos atributos femeninos que supuestamente traicionarían su efectiva participación en la vida pública: su emotivididad, su condición biológica. Se trataba de unos prejuicios que ella había combatido toda su vida y que estaba lista para responder “con calor y entusiasmo”.

El problema surgió cuando los cuestionamientos entraron en el plano de la política.

“No puedo contestar esas preguntas porque yo misma no sé todavía cual será la actitud que habré de adoptar ante los problema que me plantea. Ya veremos más adelante si consigo formarme una opinión, pero por el momento nada más puedo decirle”.

El periodista insistió que al menos aclarara si era de derecha o de izquierda, pero ella se negó a dar “ni una inofensiva declaración de tipo político”.

Al final de la nota, el diario comunicaba: “Mañana publicaremos la entrevista con la licenciada Clara González de Behringer”.

LA COMPETENCIA

Como fuera prometido, al día siguiente, le correspondía exponer sus posiciones a Clara González. En la primera plana, la abogada daba respuestas muy bien informadas, como su llamado a efectuar un estudio de las fortalezas económicas del país, a disminuir los impuestos sobre los más pobres, a limitar los poderes de la Constituyente y sobre todo, a consagrar los derechos políticos y sociales de la mujer panameña.

Pero cuando el lector pasaba a las secciones interiores del diario, se encontraba con que en la tercera página aparecía un apabullante anuncio de hoja completa comprado por Ester Neira de Calvo, en el que esta desglosaba sus logros profesionales. La página estaba tan llena de texto que no cabía una coma más. Para la época, se trataba de un despliegue muy inusual.

La nieta del general Gabriel Neira e hija del coronel Rafael Neira Ayala, explicaba que a los 14 años (1904) el gobierno le otorgó una beca para realizar estudios secundarios y universitarios en Bélgica. Que posteriormente había hecho estudios de doctorado en Estados Unidos. Que en Panamá, había contribuido primero como maestra, y posteriormente como directora de La Escuela Normal de Señoritas. Había ocupado los puestos de inspectora General de Enseñanza Secundaria Normal y Profesional, sido miembro del Consejo Técnico de Enseñanza y del Comité de Revisión de Enseñanza. Había viajado, dictado conferencias, recibido múltiples homenajes…

A Clara González no debió gustarle mucho aquel despliegue inusual de credenciales por parte de su contrincante precisamente el día que le tocaba a ella brillar. Dos días más tarde, el 23 de abril, las seguidoras de la abogada, agrupadas en la Unión Nacional de Mujeres, se fueron a las calles a distribuir hojas sueltas en las que criticaban duramente la posición de Neira de Calvo en su entrevista en La Estrella de Panamá. El 25 de marzo, el comunicado apareció publicado en el diario Panamá América.

Bajo el título “El Caso Insólito de Doña Esther Neira de Calvo”, la Unión Nacional de Mujeres anunciaba que la candidatura de la educadora había sido acogida “con gran alarma” por la ciudadanía.

“¿Puede darle al pueblo panameño lo mismo que la constituyente adopte un criterio liberal, conservador, socialista, o nazista indistintivamente?”, preguntaba el comunicado.

“¿O es que en un asunto tan trascendental como una constituyente cabe el oportunismo , el esperar de qué lado sople el viento para entonces decidirse? Puede el pueblo votante dar su voto con confianza a candidatos que tal inseguridad presentan?“, proseguía.

“La actitud de la señora Calvo es una muestra infeliz de que la práctica de sus famosas escuelas de ciudadanía no son adecuadas para merecer la confianza y los sufragios de la masa popular, más despierta y mucho más evolucionada políticamente que lo que la CANDIDATA NACIONAL DE CINCO PARTIDOS pueda soponer”.

LA RESPUESTA

No tardó mucho en llegar la respuesta de la Liga Patriótica Femenina, organización dirigida por Ester Neira de Calvo, que enfrentaba los ataques de la Unión Nacional de Mujeres, dándole una lección de “femineidad”.

“Una de las armas más poderosas que en todos los tiempos han esgrimido los enemigos del voto femenino es que cuando la mujer entre a actuar en política se apasionará, se descontrolará y bajará al terreno de las ofensas, lo cual le restará delicadeza y feminidad”, decía el comunicado.

La postura de la Unión Nacional de Mujeres, decía el escrito de la Liga Patriótica, justificaba “el temor de los contrarios al voto femenino”, dando “un doloroso ejemplo de la labor destructora del apasionamiento político que se desborda para cristalizar en ataques personalistas”.

“Criticar la ideología de una figura política de relieve es cosa corriente en toda contienda de este género. Pero cuando la crítica se hace entre mujeres, es de lamentar que se rompa el marco del decoro femenino para bajar al terreno de las ofensas personales que hieren y que están lejos de defender altos ideales”.

“El seis de mayo de 1945, la mayoría del pueblo panameño elegirá con sus votos a doña Ester Neira de Calvo para que con el aporte de su preparación, de su capacidad intelectual, de su ferviente patriotismo, contribuya con los hombres y mujeres de nuestra patria, elegidos constituyentes, a escribir la Carga Magna de nuestra república”.

Efectivamente, el seis de mayo, Ester Neira fue electa como delegada nacional en carácter independiente para la Asamblea Constituyente (Otra dama, Gumercinda Paez, fue elegida delegada provincial). Era la primera vez que una mujer (en este caso dos) era elegida en razón del voto popular para ocupar un puesto público.

Su participación en la Asamblea Constituyente fue digna, siempre respetuosa de las tradiciones morales y religiosas y en favor de la protección de los sectores vulnerables de la sociedad. Su experiencia como docente, su contacto con las familias de sus estudiantes, sus viajes, su comprensión de otras culturas, fueron invaluables. Sobre todo, fue capaz de enriquecer el foro con la visión femenina del mundo, en momentos que a las mujeres correspondían realidades muy distintas a las del hombre.

Clara González no pudo concretar su sueño de participar en la Constituyente, pero el presidente Enrique A. Jimenez reconoció su valía al nombrarla viceministra de Trabajo, Previsión Social y Salud Pública entre 1945 y 1946. En 1948, tres años más tarde, se convirtió en la primera mujer candidata a la vicepresidencia de la República, por el Partido Liberal Renovador. En 1951, fue la primera jueza del Tribunal Tutelar de Menores.

Tal vez Ester Neira de Calvo y Clara González no se gustaron mutuamente, pero no cabe duda de que fueron dos grandes mujeres panameñas, cada una a su manera.

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