RICARDO MARTINELLI


01 Jun
01Jun

QUIÉN ES Y QUE SE DICE DE RICARDO MARTINELLI

Acumuló un enorme poder económico y político en Panamá pero al terminar su mandato huyó para refugiarse en Miami. Desde allí afina su estrategia para evitar que le alcance la justicia. ¿Lo logrará?

(Panama City, Panamá) – A mediados de febrero 2016 se conoció que a Ricardo Martinelli se le practicó con éxito una angioplastia en el Hospital de la Universidad de Miami. La noticia en sí misma no tendría nada de extraordinario, pero el paciente está aquejado de otros males: huyó de su país donde ha sido imputado por un caso de escuchas ilegales a por lo menos 150 personas y acumula, además, otras siete acusaciones por manejo irregular de los recursos del Estado durante su gestión.

El paciente, quizás no lo diga en su historia médica, fue Presidente de Panamá y allá le espera la Corte Suprema de Justicia.

Martinelli, quien ocupó el Palacio de Las Garzas -sede del Poder Ejecutivo- entre 2009 y 2014, logró su triunfo electoral apalancado en su larga trayectoria como empresario de éxito y fortuna. Quienes lo apoyaron suponían que lejos de ser un Presidente más, sería un gran gerente para el país; a pesar de que muchos estaban conscientes de que en algunas ocasiones su voracidad lo llevó a cometer ciertos actos cuestionables.

Raúl Montenegro Diviazo, un político panameño que ejerció el cargo de ministro de Gobierno y Justicia durante la presidencia de Ernesto Pérez Balladares (1994-1999), explica que Ricardo Martinelli siempre fue un hombre muy ambicioso, que sabía “mercadearse muy bien” y establecer conexiones clave: “Todo el mundo sabe que Martinelli comienza su fortuna como oficial del First National City Bank atendiendo al cliente Wong Chang, quien era el dueño de Almacenes 99. Él logró que el banco lo nombrara como interventor (de esa cadena de supermercados) para después, en una actitud desleal, aprovecharse de eso y quedarse con el negocio”.

Montenegro cuenta que Francisco Wong Chang había solicitado préstamos al Citi Bank para superar los números rojos de su pequeña cadena de tiendas. Pero al comerciante chino se le hizo cuesta arriba cumplir con sus compromisos. Así, Martinelli, que conocía los detalles de una empresa bien estructurada y se había enamorado del negocio, se valió de diversas artimañas para llevar a la banca rota a Wong Chang, quien terminó rematando por 1.671 dólares lo que después se convirtió en el Súper 99. “¡Ese fue su bingo, ese fue su premio mayor!”, exclama Montenegro.

LAS PERIPECIAS DE MARTINELLI

De Presidente a prófugo

¿Y cómo fue que el mandatario panameño terminó huyendo del país? El asunto comenzó el 30 de junio de 2014, a las 12 de la noche, cuando finalizó el quinquenio de Ricardo Martinelli. Para ese momento ya era de conocimiento público que el principal reto del nuevo gobierno sería enfrentar un entramado de situaciones escandalosas que se habían dado durante la saliente administración. Martinelli prefirió ser el gran ausente en la toma de posesión de Juan Carlos Varela -triunfador de los comicios del 4 de mayo de ese año- y se movilizó hasta Guatemala para reclamar su puesto como diputado al Parlamento Centroamericano (Parlacen). No fue una jugada inocente.

El tratado constitutivo de este organismo de integración establece que los presidentes y vicepresidentes de los países de la región pasan a ser parte de su fuero tras concluir sus mandatos. Eso supone un grado de inmunidad parlamentaria que teóricamente protegería a Martinelli ante la eventualidad de alguna investigación. Los panameños tuvieron muy claro lo que intentaba hacer y Martinelli, como el pez, moría por su propia boca: en el pasado había dicho que ese organismo regional en el que ahora encontraba cobijo no era más que “una cueva de ladrones”.


A su salida de la sesión ordinaria legislativa en la que asumió su curul, el ex mandatario panameño dijo a la prensa: “Es cierto. Yo dije que el Parlacen era una cueva de ladrones. Pero en ese momento no conocía la labor que hacía el Parlamento Centroamericano… Después de asistir al menos a diez cumbres centroamericanas soy fiel creyente de la unión de la región”.

El 28 de enero de 2015 la Corte Suprema de Justicia admitió una querella penal interpuesta en contra de Martinelli por irregularidades en un contrato de 45 millones de dólares para compra de comida deshidratada con fondos del estatal Programa de Ayuda Nacional (PAN). La reacción fue inmediata: tomó un avión para, según él, iniciar una gira internacional con miras a denunciar la supuesta “persecución política” de Juan Carlos Varela, contra él, su familia y su partido – Cambio Democrático – por ser “los únicos opositores” a su gobierno.

Así, llegó a la sede del Parlacen y evalúo fríamente hasta dónde alcanzaba la protección de su fuero parlamentario. Y resultó que había calculado mal. Para su desgracia, el vicepresidente del organismo, el guatemalteco Rafael Espada, dijo en rueda de prensa que Martinelli no tenía ninguna prerrogativa especial de acuerdo a la reglamentación del órgano legislativo centroamericano: “Si el Congreso panameño no da inmunidad a sus diputados, el Parlacen tampoco. Porque el Parlacen reconoce lo que dice el sistema panameño”.

Martinelli nuevamente tomó su avión privado y desapareció por espacio de poco más de una semana. ¿Dónde estaba? Nadie sabía, todos especulaban. Las hipótesis apuntaban a Italia – por tener también esa nacionalidad – y Francia – pues el mismo Martinelli había subido a las redes sociales una foto suya posando en la Torre Eiffel. Finalmente, se dejó ver caminando por las calles de Miami, disfrutando de amenas tardes de compras en pomposos centros comerciales de la localidad y cenando en magníficos restaurantes. Hasta se dio el lujo de ventilar en su cuenta de Twitter algunos indicios de lo que sería su estrategia para resolver su estatus migratorio en Estados Unidos: “Para estar en USA se requiere visa y puedes quedarte hasta 180 días salvo que inviertas mínimo $500,000 y cambies a visa de inversionista”.

Con el correr de las semanas fue armando un portentoso equipo de abogados que hasta ahora acusa al sistema judicial panameño de incurrir en serias violaciones al debido proceso, así como a las garantías y al derecho a la defensa de su cliente. La nueva jugada de Martinelli luce obvia: presentarse como víctima y solicitar asilo político para enfrentar un eventual pedido de extradición por parte del Estado panameño.

A todas estas, a mediados de diciembre pasado, voceros del Gobierno de Estados Unidos dijeron que están listos para considerar cualquier solicitud de las autoridades de Panamá en este proceso. Lo que se ha ventilado hasta ahora es que los funcionarios al frente del caso evalúan si utilizarán el Tratado de Asistencia Legal Mutua o el Tratado de Extradición firmados con aquel país. Ambos implican mucha documentación, tiempo y una importante participación del Ejecutivo panameño.

Efecto dominó

Después de que la Corte Suprema de Justicia (CSJ) admitió en enero de 2015 la apertura de una investigación por malos manejos de los recursos del Estado contra Martinelli, el siguiente gran paso en materia procesal se dio el 9 de octubre de 2015: el magistrado Harry Díaz presentó una acusación formal por la interceptación ilegal de comunicaciones durante su gobierno para espiar a por lo menos 150 personas.

A partir de ese momento reventaron en la sala del máximo tribunal varias denuncias en las que Martinelli y algunos de los funcionarios de su administración son señalados de otros delitos como peculado, corrupción y soborno, a través de diversos programas y proyectos gestionados durante su gobierno. Resulta abrumador revisar el prontuario penal que poco a poco se levanta en esta historia; especialmente porque, en caso de ser hallado culpable, solo por las “escuchas ilegales” Martinelli enfrentaría la posibilidad de una condena por hasta 21 años de prisión.

Si bien el ex mandatario no goza de inmunidad por ser diputado del Parlacen, en Panamá sí contaba con esta protección por ser el presidente y representante legal del partido Cambio Democrático. Sin embargo, el privilegio de no tener que enfrentar juicio alguno le fue suspendido por el máximo tribunal del país como parte del proceso que se le sigue por la supuesta comisión de delitos contra el orden económico en su modalidad de delito financiero, en otro escándalo relacionado con una casa de valores denominada Financial Pacific. Según las investigaciones iniciales, Martinelli y otros colaboradores – entre ellos el entonces director de supervisión de la Superintendencia del Mercado de Valores, Ignacio Fábrega – utilizaron información confidencial obtenida por medio de su relación privilegiada con el fin sacar provecho económico directo comprando y vendiendo a través de esta casa de bolsa acciones de la empresa Petaquilla Minerals.

Actualmente sobre Ricardo Martinelli pesa una orden de detención preventiva. Mientras, cuatro de sus ministros permanecen encarcelados: Frank De Lima (Economía); Guillermo Ferrufino (Desarrollo Social), Óscar Osorio y Emilio Kiswetter (Desarrollo Agropecuario). Otras cinco figuras del controversial gabinete tienen la peculiar medida cautelar “país por cárcel”: Lucy Molinar (Educación), Federico Suárez y Jaime Ford (Obras Públicas), Roberto Henríquez (Presidencia) y Giselle Burillo (Ampyme).

A su hermano, Mario Martinelli, también se le dio “país por cárcel” y la orden de presentarse una vez a la semana a la Fiscalía; mientras es investigado por la presunta comisión de los delitos de peculado, estafa y fraude, derivados de la venta de alimentos con sobreprecio al programa de alimentación para personas de bajo recursos PAN. Igualmente, los hijos del ex mandatario, Ricardo y Luis Enrique, han sido objeto de investigación por parte del Ministerio Público por su presunta participación en unas empresas que recibieron de manera irregular fondos del Estado para la construcción de una central hidroeléctrica en la provincia de Veraguas.

El nombre del mandatario panameño también salió a relucir en algunos de los muchos enredos judiciales del tres veces ministro italiano Silvio Berlusconi; así como en un caso de extorsión internacional que involucra a dos empresarios italianos, Valter Lavitola y Paolo Pozzessere. Ambos son procesados en esa nación europea por la presunta presión a funcionarios panameños para lograr un contrato con la empresa Finmeccanica, vinculado a la venta de equipos de seguridad a Panamá.

En mayo de 2015, el actual mandatario panameño Juan Carlos Varela dijo en una entrevista al diario local La Prensa, replicada por otros medios latinoamericanos, que “La cifra de lesión patrimonial, que está en vías de recuperación, se puede estar acercando a los 100 millones de dólares”. Varela, quien por cierto fue vicepresidente de la república durante el gobierno de Martinelli, señaló además que este monto podría aumentar con el avance de las investigaciones de la Fiscalía”.

Bien conectado

¿De dónde salió este personaje que ahora es odiado por unos, temido por otros y anhelado por unos cuantos? Ricardo Alberto Martinelli Berrocal nació en la capital del istmo el 11 de marzo de 1952 en el seno de una familia de inmigrantes. Su madre, Gloria Berrocal de Martinelli, era de ascendencia española; mientras que los antepasados de su padre, Ricardo Martinelli Pardini, provenían de Italia.

Los primeros años de su infancia transcurrieron en Soná, distrito de la provincia de Veraguas, una circunstancia que años después fue utilizada para pulir su imagen pública. Sus publicistas lograron calar la idea de que allí fue donde el líder “aprendió el valor del trabajo y conoció las grandes necesidades existentes en esta provincia”.

El joven Ricardo recibió su educación básica en el famoso Colegio La Salle, de donde han egresado la mayoría de los líderes políticos de este país. Aquí obtuvo el título de Perito Mercantil. Luego viajó a Virginia, Estados Unidos, donde finalizó el bachillerato en la Stauton Military Academy. Continúo su preparación profesional obteniendo una licenciatura en Administración de Empresas con especialidad en Mercadotecnia, en la Universidad de Arkansas, en Fayetteville, Estados Unidos, y una Maestría en Administración de Empresas con especialidad en Finanzas en el INCAE Business School, en San José, Costa Rica.

Regresó a Panamá en la década de los setenta e inmediatamente comenzó a trabajar como oficial de banca de la primera entidad financiera extranjera que abrió sus puertas en el país, el First National City Bank, luego conocida como Citibank. Mientras, en el plano personal, se dedicó a formar su propia familia casándose en 1978 con Marta Linares, una joven panameña hija de Francisco José Linares, un influyente político militante del Partido Panameñista, la tercera tolda más importante del país.

El suegro de Ricardo Martinelli además era hermano de Ana Matilde Linares de Arias, la primera esposa del presidente Arnulfo Arias Madrid, quien condujo los destinos del país entre 1940 y 1941.

EL TRAMPOLÍN CHINO

Raúl Montenegro, el ex ministro de Pérez Balladares, dice que todos los negocios que Martinelli realizó después de quedarse con el Súper 99, que originalmente era de Francisco Wong Chang, “tienen anécdotas de trampa” y abarcaron distintas áreas productivas de la nación. Afirma, incluso, que siempre tuvo en su mente la idea de ser Presidente de la República. De ahí probablemente su empeño por escalar posiciones en el gremio empresarial: en 1985 asumió por dos años la dirección de la Cámara de Comercio de Panamá. Luego se conviertió en presidente de la Asociación de Comerciantes de Víveres de Panamá (Acovipa) y finalmente lideró en 1995 la Cámara de Comercio Italo-Panameña.

En diciembre 1989 – a raíz de la Invasión a Panamá por parte del ejército Estados Unidos para capturar al dictador Manuel Antonio Noriega – se dieron acciones de saqueos al comercio en general por parte de la población temerosa de un desabastecimiento de alimentos y artículos de primera necesidad. Entre los negocios afectados estuvo el Súper 99. Pero, como era de esperarse, el futuro mandatario, que estaba bien preparado en el área administrativa, sacó adelante su cadena de auto mercados. Aquella odisea –muestra de su capacidad gerencial- la utilizaría también como punta de lanza en su carrera hacia el Palacio de las Garzas: “Soy un empresario, no un político. He tenido éxito económico, por tanto tendré éxito en la conducción de mi patria”, decía el entusiasta Martinelli.

Hoy día el capital de Ricardo Martinelli se distribuye en por lo menos 134 empresas, destacando nombres como Importadora Ricamar, Central Azucarera La Victoria, fábrica de plásticos Plastigol, Gold Mills de Panamá, Global Bank, Panasal S.A., Desarrollo Norte S.A., Molino de Oro, AVIPAC, Calox Panameña, e incluso medios de comunicación como Televisora Nacional de Panamá, Panamá América y Next TV.

Camino a la cumbre política

Ricardo Martinelli inició formalmente su incursión en el mundo de la política con un acercamiento al Partido Solidaridad (PS). La agrupación de centro-derecha liberal nació en 1993 para romper con el bipartidismo entre los arnulfistas y el Partido Revolucionario Democrático (PRD), formación que entre 1979 y 1989 sirvió de instrumento político a Omar Torrijos Herrera y a su sucesor, el general Noriega. Pero pronto Martinelli dejó de sentirse cómodo con la doctrina del PS y le dio por coquetear con el PRD. Se dice que incluso llegó a hacer donaciones para la campaña de este partido en las elecciones presidenciales de 1994. Algunos aseguran que eso le permitió obtener su primer cargo público -director de la Caja del Seguro Social (CSS)- cuando resultó ganador su líder Ernesto Pérez Balladares.

Pero Raúl Montenegro, Ministro de Gobierno y Justicia en aquella administración, asegura que Martinelli llegó a ese puesto promovido por los gremios empresariales, quienes -por el peso de sus cotizaciones en la CSS- tenían un papel importante en la estructura del organismo.

“Yo recuerdo dos aspectos de Martinelli en este tiempo. Primero, él fue muy conflictivo en su manejo. Tuvo choques con todo el personal, desde los médicos hasta las enfermeras, porque aplicó la confrontación para imponer sus ideas. El clímax de su enfrentamiento con el personal fue cuando intentó tratar a los médicos como jornaleros y los puso a marcar tarjeta. Segundo, no tengo detalles, pero se habla de que promovió varios negocios que le beneficiaban como empresario”, narra Montenegro.

Por otra parte, quienes defienden a Martinelli señalan que su gestión de 21 meses permitió la modernización de la CSS, implementando la extensión del horario de la consulta externa y de urgencias, aplicando un plan para poner al día gran cantidad de procedimientos quirúrgicos pendientes, estableciendo el Sistema de Emergencias 911, así como remodelando sus instalaciones y dotándolas de equipos médicos de alta tecnología.

¿Y cómo terminó la carrera de Martinelli en la CSS?

Raúl Montenegro cuenta que el flamante director, “en su afán mercantilista”, empezó una campaña publicitaria para sacar de una cuenta en el Banco Nacional de Panamá las reservas que garantizaban el programa de pensión, invalidez y muerte de los asegurados. Martinelli alegaba que bajo la tutela de la entidad financiera estatal estos fondos sólo recibían intereses que variaban entre el 2 y el 3%. Aseguraba que si se invertían esos millones en Wall Street se recibiría una mayor ganancia, entre 7 y 8%. A simple vista, cuenta Montenegro, aquella idea sonaba lógica. Pero si Pérez Balladares hubiera autorizado ese movimiento el dinero de los panameños se hubiera perdido en los tentáculos de Madoff, pues Martinelli tenía la firme intención de contratar los servicios de esta firma de inversiones que terminó estafando unos 50 mil millones de dólares en el escándalo de fraude más famoso de la Bolsa de Valores de Nueva York. Montenegro cree que Pérez Balladares recibió información clasificada sobre el riesgo de esa jugada y, ante la insistencia avasallante de Martinelli, le solicitó su renuncia. Para ese momento corría el mes de julio del año 1996.

El 20 de mayo de 1998, Ricardo Martinelli dio un nuevo paso en su carrera política: fundó su propio partido, Cambio Democrático. Al año siguiente, en el marco de unas elecciones presidenciales, su tolda integró una coalición política con el Partido Arnulfista, el Partido Democrático (PD), el Movimiento Liberal Republicano Nacionalista (Molirena) y el Movimiento de Renovación Nacional (Morena) para llevar a Mireya Moscoso a la presidencia de la república. El pago por este apoyo fue su nombramiento como Ministro para Asuntos del Canal de Panamá y la presidencia de la Junta Directiva de la Autoridad de la vía interoceánica. Desde esa posición impulsó la ampliación del Canal y obtuvo un reconocimiento público por parte de la Organización Marítima Internacional por su desempeño.

El abogado Guillermo Cochez, quien fue dos veces legislador en Panamá, alcalde de la capital del istmo y embajador ante la OEA, cuenta que durante la administración de Mireya Moscoso él denunció a un primo de Ricardo Martinelli, Ramón Martinelli Corro, quien fungía como tesorero de Cambio Democrático, por el cobro ilegal de cuotas partidarias a empleados del Instituto de Acueductos y Alcantarillado Nacionales (IDAAN). Cochez explica que en ese momento se desató una abierta enemistad con los Martinelli que derivó en tres años de denuncias y contradenuncias que no quedaron en nada. Un tiempo después, en 2006, Martinelli Corro fue detenido en México y encarcelado: se le acusó de estar vinculado al blanqueo de dinero del cartel mexicano de los hermanos Beltrán Leyva a través de operaciones en México, Panamá y Colombia.

El 20 de enero de 2003 Martinelli renunció a sus cargos en el gobierno de Mireya Moscoso para lanzar su candidatura presidencial para la contienda del 2004. Ya contaba con un imperio empresarial enorme, así que los recursos para financiar la campaña no serían un problema. Sin embargo, a pesar del dinero invertido, Martinelli apenas llegó al cuarto lugar con 5,3% de preferencia, es decir unos 80 mil votos. El ganador de aquellas elecciones fue el perredista Martín Torrijos Espino, hijo de Omar Torrijos.

MARTINELLI EN LA CIMA

La catapulta

Ricardo Martinelli tuvo que esperar otros cinco años para cumplir su sueño de ser Presidente de Panamá. El embajador Guillermo Cochez reconoce que – a pesar de sus señalamientos del pasado – apoyó esa candidatura para las elecciones de 2009: “Martinelli ganó con más del 60% de los votos. La opción frente a Martinelli era Balbina Herrera, del PRD, vinculada con el chavismo. Yo los veía como una partida de oportunistas, que, al parecer, no me consta, recibieron plata del chavismo para las elecciones”.

Cochez cuenta que cuando Herrera comenzó su campaña, según las encuestas, nadie le ganaba. Así que quienes querían evitar que el movimiento de Hugo Chávez entrara a Panamá vieron una alternativa en Martinelli. Incluso, ya para ese momento el empresario tenía un convincente discurso en contra de la corrupción. “Todo el mundo pensó que como él tenía tanto dinero, iba a hacer un gobierno diferente”, explica Cochez a quien Martinelli hasta le dio las gracias por sus denuncias del año 99 alegando que eso le permitió al partido corregir las prácticas inapropiadas.

Tras el triunfo de Martinelli, Guillermo Cochez fue nombrado embajador de Panamá ante la OEA. Dicen las malas lenguas que el empresario prefería tener de su lado a aquellos que, como Cochez, podían convertirse en críticos opositores o potenciales enemigos políticos de su Gobierno.

Martinelli con su ex-Vicepresidente y Canciller, y actual Presidente de Panamá, Juan Carlos Varela

Algunos creen que esto último fue lo que prevaleció también en el doble nombramiento de Juan Carlos Varela como vicepresidente y ministro de Relaciones Exteriores. Varela se había vinculado con Martinelli décadas atrás cuando frecuentaban los mismos círculos sociales de élite y hasta llegaron a asociarse en la industria del ron. Su alianza política ocurrió en 2009 cuando Varela, líder del Partido Panameñista, renunció a sus aspiraciones de ser Presidente y unió esfuerzos con Martinelli para evitar la llegada de Balbina Herrera al Palacio de las Garzas.

El pacto incluía el compromiso público de Martinelli de apoyar a Varela para las elecciones de 2014. Sin embargo, saboreando el poder, Martinelli se retractó. Le resultó más interesante impulsar un cambio constitucional que le permitiera reelegirse para un segundo periodo. Así, se desató una fuerte confrontación entre miembros de los partidos Cambio Democrático y Panameñista que llegó a su punto más álgido el 30 de agosto de 2011 con la destitución de Juan Carlos Varela de su cargo de ministro de Relaciones Exteriores, algo que hizo rompiendo todos los protocolos, a través de su cuenta Twitter (@rmartinelli) diciendo: “Varela descuidó su función de Canciller por tener cuatro sombreros, canciller, vicepresidente, presidente de un partido y candidato”.

A partir de ese momento Martinelli comenzó a mostrar cada vez más un carácter iracundo, grotescamente irrespetuoso, con quienes se oponían a sus caprichos. Ante una sucesión de choques, gritos, demencia en varios de sus planteamientos, surgió la “leyenda urbana” de que Martinelli era bipolar; una acusación que, lejos de molestarlo, aprovechó en sus constantes campañas en diversos medios y redes sociales inmortalizando frases como “Los locos somos más”.

Entre los destituidos por Martinelli también se encontraba Guillermo Cochez, quien salió el 17 de enero de 2013 de su cargo en la OEA por su postura crítica frente al Gobierno de Venezuela en el seno de ese organismo. Tanto Cochez como Varela terminaron encabezando la lista de detractores del Gobierno de Martinelli, a pesar de lo intimidante que lucía confrontar a un hombre tan poderoso.

MARTINELLI CAUDILLO

El destape del caudillo

Nadie puede negar que la administración de Ricardo Martinelli impulsó importantes proyectos como el mejoramiento de la red vial del país, la ampliación de la Cinta Costera, la construcción del Metro de Panamá, los esfuerzos por modernizar el sistema de transporte público de pasajeros o el fortalecimiento de la red de subsidios estatales para beneficiar a más personas de bajos recursos.

Sin embargo, el punto de controversia está en que los contratos para el desarrollo de estas obras fueron adjudicados a familiares y allegados de Martinelli o de sus ministros, quienes aplicaron una sobrefacturación de hasta más del doble de lo que realmente costaban los proyectos. Raúl Montenegro señala que el peculado en este periodo gubernamental llegó a las dimensiones de una nación tan grande como Brasil.

Guillermo Cochez asegura que a dos años de iniciado el mandato de Martinelli ya se escuchaban rumores sobre esta situación. Pero nadie se atrevía a hacer algún señalamiento porque le tenían terror al poder que había acumulado el Presidente, que incluso llegaba hasta a las instituciones que se suponía debían procesar este tipo de denuncias.

Cochez narra que el mandatario fue tan voraz en su carrera por controlarlo todo que se dedicó a comprar abiertamente una mayoría de diputados en la Asamblea Nacional. Gracias al llamado “transfugismo”, su partido pasó de tener 14 diputados a 37: “Dicen que el precio en el que se compraban era dos millones de dólares. Bueno, eso es lo que se comenta. Gente que se cambiaba de partido y de una vez se compraban apartamentos en Costa del Este y este tipo de cosas. Fue una cosa burda”.

La aprobación de leyes que, a todas luces, beneficiaban económicamente a extranjeros y a empresarios allegados del Gobierno de Martinelli provocaron grandes tensiones en el país. Entre las confrontaciones más violentas se cuentan las protestas por la promulgación de un instrumento legal que permitía la venta de los terrenos de la Zona Libre de Colón y las negociaciones que emprendió el Ejecutivo para la explotación minera e hidroeléctrica en las comarcas indígenas de Panamá. Esta última arbitrariedad causó en febrero de 2012 que cientos de personas de la etnia Ngöbe Buglé, la mayor en la nación, hicieran barricadas de árboles y piedras en varias vías para exigir que no se desarrollaran estos proyectos. Las protestas fueron reprimidas violentamente por autoridades policiales, dejando un saldo de dos indígenas muertos, decenas de heridos y unos 140 detenidos. Muchos calificaron aquella jornada como un crimen de lesa humanidad.

Ricardo Martinelli también es señalado por nombrar a sus grandes amigos en puestos claves del Poder Judicial, exigiéndoles favores a cambio. Ese fue su instrumento para interponer procesos contra sus adversarios políticos; tal y como ocurrió con el ex presidente Ernesto Pérez Balladares, quien fue acusado de enriquecimiento ilícito con fondos de sociedades de juegos de azar cuyas licencias de operación habían sido otorgadas durante su mandato. La investigación tuvo que ser desechada por carecer de sustento jurídico; y -según Montenegro- detrás de eso estaba el interés de Martinelli por quedarse con el negocio de los casinos.

El principio del fin

Durante su gestión Ricardo Martinelli alcanzó prácticamente todo lo que se propuso. Solo falló en una cosa: conseguir que se aprobara la reelección presidencial. Así que, ante la imposibilidad de atornillarse por un periodo más en el Palacio de las Garzas, tuvo que apoyar otra fórmula concebida para su partido –Cambio Democrático- de cara a las elecciones de 2014: su esposa, Marta Linares, como aspirante a la vicepresidencia; y José Domingo Arias para la presidencia.

El principal candidato de oposición fue, como era de esperarse, el panameñista Juan Carlos Varela. Y por el PRD corrió Juan Carlos Navarro.

Guillermo Cochez recuerda que tres días antes de las elecciones se encontró con el jurista y político venezolano Asdrúbal Aguiar y con el experto en procesos electorales Alfredo Weil. “Ellos venían de observadores y se habían reunido con todas las encuestadoras, que habían puesto a Arias de primero, de segundo a Navarro o Varela. Ellos me preguntan “¿y tú quién crees que va a ganar?” Yo les dije, Varela. Su reacción fue ¿cómo va a ser eso posible?”

El ex embajador tuvo razón. El domingo 4 de mayo de 2014 Juan Carlos Varela triunfó sorpresivamente con 39% de los votos, una ventaja de siete puntos sobre el oficialista José Domingo Arias (32%). Cochez explica que los desaciertos de las encuestas tuvieron su origen en el hecho de que la gente consultada estaba tan aterrada con Martinelli que, por temor a represalias, decían que votarían por la fórmula de Cambio Democrático.

La firma Dichter & Neira, en una encuesta publicada 10 días antes de las elecciones daba como ganador al oficialista José Domingo Arias con 35% de las preferencias electorales, seguido de Varela con 32% y del perredista Juan Carlos Navarro con 30%. Quantix e Ipsos –otra encuestadora- mantenía a Arias a la cabeza con 34%, seguido de Navarro con 33,9% y Varela en la tercera posición con 29,1%. Mientras, Dichter & Neira, pronosticó un empate técnico entre Arias y Varela en su último sondeo. Al final de la jornada electoral, un muy molesto Ricardo Martinelli afirmó que las encuestas “no sirven para nada”, porque se equivocaron rotundamente en sus vaticinios.

El diario La Prensa de Panamá se dedicó en los días posteriores a tratar de explicar la razón de este margen de error. Una de sus publicaciones fue un análisis del consultor Carlos Guevara Mann, profesor de la Florida State University en Panamá, en el que se corroboró la tesis del ex embajador Cochez: “No cabe la menor duda de que algunas actitudes y estrategias del oficialismo generaron recelo en la población e incidieron en las respuestas de los encuestados. Entre otras medidas, el esquema de reclutamiento de votantes potenciales, basado en el acopio de información privada, tuvo un efecto intimidatorio. ¿Cómo generar respuestas genuinas en un contexto de desconfianza? Quizás es un reto insalvable, pero no por ello hay que dejar de enfrentarlo con seriedad”, señaló el experto en finanzas y relaciones internacionales.

Varela asumió el cargo y aunque se había comprometido a impulsar la apertura de una investigación en torno a los señalamientos de corrupción de la administración de Martinelli, durante los primeros seis meses no ocurrió nada porque la ley panameña indica que las funciones del procurador y el contralor terminan después de la salida del Presidente, o sea el 31 de diciembre. Así que durante ese periodo a Varela se le hizo cuesta arriba avanzar en esa dirección, pues ambos funcionarios eran piezas claves del mandatario saliente.

Pero, una vez que Varela nombró a la nueva procuradora -Kenia Isolda Porcell Díaz- y a su contralor -Federico Humbert Arias- se abrieron los caminos para lograr que el 28 de enero de 2015 los magistrados de la Corte Suprema de Justicia votaran unánimemente a favor del inicio formal de una investigación contra Martinelli por “supuestos delitos contra la administración pública”.

Martinelli, como ya se ha dicho, no esperó mucho para ponerse a buen resguardo. Pero el mundo no es tan ancho como se cree. Y su decisión de radicarse en Estados Unidos lo llevó lejos aunque al mismo tiempo lo ubicó al alcance de la justicia panameña: para eso están los acuerdos de extradición. Ahora queda esperar a ver quién mueve sus fichas con mayor tino, rapidez y voluntad. Ya Martinelli ha mostrado que la suya no es la de terminar sus días en prisión. ¿Tendrá Panamá la voluntad suficiente como para forzarlo a enfrentar el juicio que le espera?

Fuente:https://www.verticenews.com/ricardo-martinelli-atrapenlo-s…/

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