El Mundillo


El portal de las casas de San José de Las Tablas es el sitio perfecto para que las artesanas compartan entre vecinas interesantes historias, al tiempo que sus manos no dejan de trabajar lo que meses después lucirá como una esplendorosa pollera de lujo panameña, labor que será premiada, mañana, en el Concurso Nacional de La Pollera y la Camisilla Margarita Lozano, el máximo galardón que pueden recibir estas laboriosas manos.

En cada portal se trabaja solo una pieza de una pollera, que espera sorprender a la futura dueña y a todo un público al mostrar sus distintas tonalidades de colores o, por lo menos, así se puede vaticinar del mundillo que tejía Susana Espinosa sentada en un cómodo taburete en su hogar.

‘Esto es mucho trabajo, tenemos que intercalar cada hilo hasta formar una cinta llena de flores’, explica la artista mientras mira atenta el siguiente movimiento que haría.

‘Ésta que estoy haciendo irá en el rebozo’, relata sin dejar de mirar el cilindro que sostiene las 24 varitas de caoba que contiene los hilos que forman la cinta de mundillo.

El juego de manos y la memoria perfecta son clave para que el trabajo, de por lo menos cuatro meses, quede perfecto.

‘Aquí no se usa máquina, todo es a mano, y si nos equivocamos, hay que soltar y volver a pensar’, expresa Susana entre carcajadas.

El tejido de mundillo es una sofisticada técnica que entrelaza hilos que caen sostenidos por diminutos alfileres desde un cilindro relleno de polifoam , apoyado en una base de madera.

El juego completo de mundillo para una pollera, que puede llegar a superar unas diez yardas, tiene un valor estimado de ochocientos dólares.

La pollera de lujo panameña está compuesta por decenas de elementos, entre ellos el tejido de pajita, que está siendo confeccionado en uno de los portales que miran hacia el parque central del autóctono pueblo.

Oderay Domínguez es la encargada de elaborarlo. Estaba sentada en un sillón colocado perfectamente en su sitio para lograr que los rayos del sol de la tarde iluminaran su tejido para mitigar de algún modo el esfuerzo ocular que tendrá que hacer en cada puntada.

La pajita, a diferencia de la técnica del mundillo, sólo utiliza un hilo a la vez; sin embargo, lo complicado radica en tejerlos de forma perfecta hasta crear una malla que luego servirá de base para el bordado que creará finas formas de papos blancos que adornan la parte inferior del peticote y partes del faldón de la pollera.

‘Quizás tengo unos diez años de estar haciendo esto; es difícil, pero con la práctica uno se va rápido’, explica Domínguez sin dejar de observar cada puntada que da en medio de la conversación.

Los días en el pueblo de San José son tranquilos y sin importar cómo esté el tiempo, siempre se verá en los portales cercanos a la plaza a un grupo de artesanas que conversan de casa en casa, a la vez que avanzan en la confección del lujoso traje nacional.

Pero hoy es algo distinto, desde las 10 de la mañana hasta la 1 de la tarde, se inscriben las interesadas en participar en la gran premiación, que cuenta con cinco categorías (montuna, regional de gala, sombreada de gala, pollera marcada y pollera bordada).

También se otorgan dos medallas: una al mejor joyero y otra al mejor arreglo de tembleques.

El concurso Margarita Lozano busca incentivar la sobrevivencia de esta bella tradición de identidad panameña.



Fuente: La Estrella de Panamá

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